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Juan Pedrero
“Jamás podrán entenderme, jamás se enfrentarán a ello porque, y no lo olviden, nunca he dejado de habitar en ustedes.”
[15/07/2000] 1
Mi nombre es Medea Yorkovich. Todo lo hice por amor. Sin duda ustedes me odian. Después de todo, no se lo puedo recriminar, aunque tampoco me importa.
Yo soy Medea Yorkovich, la descendiente de un humilde clan de artificieros de las minas de carbón del Cáucaso, y ahora, en la apertura capitalista, poderoso grupo empresarial. Para yo nacer tuvo que morir mi madre, quedando al amparo de mi padre y de mi hermano, así como de la gran familia que formábamos todos los mineros. Siendo una adolescente también bajé a la mina, ocupando el mismo puesto que ya ocuparan mi padre y mi abuelo. Así, hasta que fui la amante, por extrañas casualidades de la vida, de uno de los grandes magnates del mercado negro moscovita. Pronto se casó conmigo. Vine a Moscú y mi familia me acompañó al abrigo de las nuevas oportunidades. No tardé en enviudar, aunque eso sí, tras conocer las principales extensiones de su red de funcionamiento. Una noche, a la salida de uno de sus burdeles de lujo, mi marido voló junto con media manzana de edificios. Un ajuste de cuentas, alegó la propia policía.
Los primeros años de Perestroica fueron especialmente duros para todo el clan de los mineros, encabezado por mi padre y por mi hermano. Tuvimos que hacernos un lugar de privilegio, para lo cual no dudamos en emplear las viejas prácticas de nuestros antepasados mineros, hasta que finalmente llegamos a ocupar un lugar destacado en los nuevos mercados.
2
Todos me maldicen. Ustedes probablemente también, máxime cuando no estaban allí, en aquella fiesta de la embajada francesa en Moscú. Ustedes no conocieron a Jason, ustedes no fueron atrapados por su mirada, ustedes no se estremecieron ante su presencia, ni siquiera fueron fulminados por su sonrisa, ustedes no fueron abrasados por su palabra, ustedes no fueron llevados por la infinitud de cada instante en cada uno de nuestros encuentros. Yo que, por belleza y talento, disfruté de cuantos amantes deseé, jamás experimenté una pasión tan desmedida por ningún otro, y lo peor de todo: estoy convencida de que jamás volveré a encontrar a alguien así. Ahora me limito a vagar cautiva de su anhelo.
Jason, como tantos otros directivos de empresas europeas, nos necesitaba. Si esa fue la razón por la que me hizo su amante, a mi no me importa, yo volvería a hacer todo lo que hice sin la menor duda. De mi mano, la familia le amparó, le allanó el camino, le atrajo aliados y espantó a la mayoría de sus oponentes. Pero era previsible que la desmedida ambición de Jason, que inicialmente le condujo a mí y a los míos, no tardaría en chocar con nuestros propios intereses.
Cuando un minero desciende a las entrañas de la tierra únicamente le queda la lealtad de los que le rodean; por ello comprendí perfectamente a mi padre cuando me encargó, personalmente, la voladura del vehículo de mi amante a la salida de su hotel. La explosión hizo saltar las alarmas de media ciudad. Los noticiarios se hicieron eco inmediatamente de la muerte de mi padre y de mi hermano, dinamitados en su propia casa-bunker. Un ajuste de cuentas. La policía nunca lo dudó.
El terreno quedó libre y Jason llevó a su compañía a lo más alto, y nuestro amor no tuvo fronteras. Pronto fue ascendido y el ascenso le condujo a París. Él no quiso llevarme; ocultó su salida, pero me informé de su vuelo y aparecí dentro del avión; su sorpresa duró un instante; un instante que, indiscutiblemente, duró una eternidad en su mente. Transcurrido ese momento de miedo e incertidumbre, un gesto de emotiva aprobación nos fundió en un abrazo; abrazo cautivo que sellaba nuestra nueva alianza.
3
París es hermoso en primavera, y si estás enamorada aún más. Todo era perfecto: yo era la mujer perfecta; nuestra casa era perfecta; su ascendiente carrera era perfecta; y cuando llegaron los hijos, también fueron perfectos.
Y fue precisamente la maternidad lo que me apartó de Jason: ya no podíamos estar tanto tiempo juntos; ya no podíamos compartir las mismas inquietudes. Aunque esa complicidad que perdimos, se compensaba con la pasión que Jason sentía por los dos chiquillos. Sergei, el mayor, era sin duda su preferido, quizás por eso desarrollé una especial devoción por Nicolás, el pequeño, o quizás fuera por el increíble parecido que guardaba con su abuelo.
Así, bajo esa tranquila felicidad transcurría nuestra vida, ensombrecida únicamente por una sobrevenida ruina económica desde que Jason fuera despedido, acusado injustamente de espionaje industrial.
4
Cuando la vi sabía que no podía competir con ella. Desbordaba juventud y belleza, dinero y poder, y además yo ya estaba agotada. Me creí volver loca cuando me confesó todo, cuando me dijo que me abandonaba, que nos abandonaba, que iba a tener un hijo con ella, con la hija del presidente de la multinacional en la que recientemente había empezado a trabajar, que quería estar con ella y ya no más conmigo. Le supliqué, le lloré, le pegué, le maldije, le amenacé con el suicidio, incluso me abalancé sobre el balcón de la vivienda, aún sabiendo que no tendría suficiente valor. Finalmente le supliqué, pero todo era inútil, yo ya me había convertido en un obstáculo en su vida.
El problema de la primavera es que trae al invierno, así como el día trae a la noche, y el amor al odio.
5
Las medidas de seguridad que rodeaban a la nueva pareja eran extraordinarias. El miedo de Jason no tenía descanso, al igual que no tenía descanso mi ansia de venganza. Pero eliminar a Jason habría sido una acción torpe e inútil.
Transcurrieron varios meses, y mis hijos y yo teníamos que sobrevivir con una mísera pensión, mientras él, ella y el bastardo vivían una vida de lujo. Pronto me reclamó la custodia de los niños. Lo dudé, créanme que lo analicé fríamente, pero qué podía hacer: dejarlos conmigo, restándoles todas las oportunidades que tendrían con su padre; dejarlos con su padre, viéndose como segundones de un hermano que siempre sería el legítimo heredero de todo ese imperio económico. Lo pensé detenidamente, créanme.
Finalmente le entregué a los niños. Fue una tarde oscura en la puerta de su gran mansión. En la casa se encontraban ella, su poderoso padre, y el bebé. Ya sabía que Jason no estaría pues se encontraba de viaje. Quizás puedan imaginarse el calvario que supone a una madre entregar sus hijos a otra mujer. De esa manera. Para siempre. La despedida fue desgarradora; afortunadamente mi avión hacia Brasil despegaba en poco tiempo y pude acortar la angustia. Por un momento flaqueé, incluso llegué a pensar en quedarme con ellos.
6
Es sorprendente lo que han evolucionado los nuevos explosivos plásticos: ligeros, estables e increíblemente potentes. Además, con ellos, se pueden construir objetos cotidianos como un cinturón, con la gran ventaja de que la hebilla puede accionar automáticamente el detonador. Enseguida, desde el coche, pude escuchar la explosión; Nicolás era muy nervioso y siempre necesitaba ir al baño ante situaciones de tensión.
No busco su comprensión. No la necesito. Durante generaciones he sido objeto de repulsa y escándalo, de odio y espanto. Jamás podrán entenderme, jamás se enfrentarán a ello porque, y no lo olviden, nunca he dejado de habitar en ustedes.
FIN
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Comentarios
Comentario de - - 22/01/2009 23:46
Comentario de - - 22/01/2009 11:33
Comentario de - - 25/12/2008 20:15
Comentario de - - 25/12/2008 04:27
Comentario de SERGIO MONTESINOS - - 02/05/2008 23:13
Juan,
Se me ha ocurrido enviarte un relato mío en el caso de que te pueda interesar colgarlo. Lo escribiré en segunda persona.
- El señor Otelo llegaba a su asiento del avión exhausto, y, tras soportar el tráfico de masa en México D.F., la tensión de las últimas negociaciones con clientes, llamadas de seguimiento, la conexión de última hora por internet con la oficina, los numerosos controles en el aeropuerto, los retrasos de rigor (que las compañías tildan de manera imperativa como bondadoso), hasta que reposando la cabeza en su asiento, en son de paz, escucha sin la más mínima intención la conversación de dos señoras.
La señora PILAR (que tiene un hijo y una hija) le estaba contando a su amiga ROMY acerca del comportamiento caprichoso de su nuera para con su hijo, recién casados. Que si ahora quiero un viaje, o una prenda de vestir de determinada marca, que si el coche ya tiene tres años y no puede ir con él al colegio, pues, qué pensarán los padres de los otros niños, que si necesita más ayuda pues no tiene tiempo de ir a las clases de tenis con el grupo de amigas, todo un sinfín de peticiones, que mantenían a su hijo con una tensión, que le estaba provocando ansiedad y un carácter irascible, además del estrangulamiento económico que suponía para el hogar. Pilar calificaba a su nuera de mala administradora.
En ese momento la señora Romy le pregunta a Pilar cómo estaba su hija, que ya llevaba casada unos años. Pilar le dice que su hija está algo abatida pues su yerno parece ser algo avaro. Se negó a realizar un viaje a Las Vegas con la familia. Tras la negativa por su marido, su hija condujo su nuevo todoterreno, último modelo, hasta el club de tenis para relajarse después del disgusto. Para saciar su ansia de ocio, se fue a unos grandes almacenes a comprar ropa, y por último le dijo a su nani que fuera a por los niños al colegio, porque ella no estaba con ánimo. A la hora de pagar en la tienda el datáfono rechazó la tarjeta, lo que puso a su hija en un estado de ira, quien llamó muy alterada a su yerno, el cual, intentó explicar la reducción del ritmo de ventas de su empresa y la consiguiente reducción del crédito de las tarjetas. Pilar decía que su yerno era un desastre para los negocios.
Aquí tenemos el ejemplo de la subjetividad ciega y enfermiza de muchos padres y lo que yo llamaría la sagaz lucha por el pensamiento contradictorio e incoherente.
La "coherencia herida" trata de ser el título de este artículo. En la sociedad actual es muy difícil encontrar personas que no giren de rumbo según las circunstancias o los entornos sociales en los que se encuentren. La autenticidad y la originalidad ha dado paso a la justificación recurrente de la versatilidad o a la teoría de los sombreros, un sombrero diferente según la estación el año, o el color del coche.
Un saludo a todos.
SERGIO MONTESINOS
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