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Juan Pedrero
“Todo se ajustaba a mis más apetecibles anhelos: bella, inteligente y ... sola”
[09/11/2000] Surgen las primeras luces del día y, es a esta hora cuando los efectos de la medicación sufren un vacío que permite a mi mente recordar sin esfuerzo. Por ello, aprovecho para invocar los recuerdos más gratos de mi ya agotada vida.
De todos ellos, el más hermoso es, sin duda, el de aquella mujer que contemplé aquel día y me abrió los ojos para el resto. Parece como si ayer mismo la hubiera visto en aquel parque donde la conocí. Un cruce de miradas bastó para que ambos sintiésemos un flujo de sentimientos, emociones y experiencias, que, por no vividas aún, no eran menos importantes. Su mirada era una descarga de promesas que inquietaba mi espíritu y ponía a trabajar mi mente.
A partir de entonces no fue difícil intercambiar un saludo, no fue difícil insertar un comentario agradable y, por fin, tampoco fue difícil llegar ante nuestro primer café, frente a frente, palabra frente a palabra y mirada frente a mirada. El resto era simplemente inevitable.
Todo se ajustaba a mis más apetecibles anhelos: bella, inteligente y ... sola. Quizás mis recuerdos engrandecen el momento o, quizás aquel momento ha engrandecido mis recuerdos. Sea lo que fuere, aquella mujer, surgida de aquel instante, transformó mi vida, mis esperanzas y mis fronteras.
Ahora la enfermera irrumpe en la habitación. Me quejo de la medicación, a sabiendas de que ella no me hará caso. En el fondo prefiero la medicación al dolor, pues un enfermo viejo y terminal como yo, sólo aspira a abandonar la existencia purgando con el menor sufrimiento posible.
Aún me quedan unos momentos de lucidez plena y vuelvo al recuerdo de ella; a su cuerpo, a la profundidad de su mirada, a la forma que la que me provocaba la risa y a los gestos por los que la amaba.
Pronto la veo. Sí, la toco. Me sonríe. Una fuerte luz la acompaña. Me emociono. Aún soy capaz de sentir su calidez. Ya me sumerjo, ya me alejo, ya me pierdo.
Adiós amor mío, hasta mañana.
FIN
Comentario de
KRMN -
- 11/01/2008 00:39
Hoy la he vuelto a leer, y sigo sin saber exáctamente qué sentimientos son los que invaden mi alma cuando la leo; dolor?, amor?, esperanza quizás?, no sé.
En cualquier caso doy gracias al autor por tal derroche de sensibilidad con el que le dotaron los Dioses. ¿O no fueron los Dioses? Quién sabe, igual es cosa suya, del autor digo.
Besoss.